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Expedición Azul Maya

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Épica es la palabra adecuada para calificar a la Primera Expedición Azul Maya que se llevó a cabo en la región sureste del estado de Quintana Roo, arrancando en la Bahía de Chetumal, donde se dieron cita aventureros y científicos de diversas instituciones y lugares de México.

Todo empezó como un sueño cuando algunos expedicionarios de Raid México vislumbraron la posibilidad de atravesar desde la Bahía de Chetumal todas y cada una de las lagunas que teóricamente integran el sistema hidrológico Bacalar - Chetumal con la firme teoría de navegar en kayak toda una ruta espectacular de 200 kilómetros nunca antes navegada en su totalidad por embarcación alguna.

Después de analizar mapas durante meses, consultar a diversos especialistas y preparar una interminable logística, se formó una expedición que involucrara tanto retos deportivos como estudios interdisciplinarios. Con el fin de analizar, estudiar y recorrer vastas zonas de manglar, sabana, selva y humedales navegando en kayak por zonas que se creían inaccesibles para el paso del hombre o  de embarcación alguna, el equipo se compuso de destacados deportistas de carreras de aventura, kayakistas, montañistas, biólogos, geógrafos y  arqueólogos. La vertiente en la que se desarrollaron estudios dio énfasis en aspectos como:
Análisis georeferencial de estromatolitos, colecta y muestreo para análisis posterior.

Día 1. La expedición formada por 36 integrantes –entre ellos 11 mujeres– se lanzó a la mar partiendo desde la Bahía de Chetumal  con dirección norte hacia la isla de Tamalcap, donde el arqueólogo Fernando Cortez nos dio referencia de antiguos asentamientos mayas; continuamos navegando con rumbo norte para el atardecer, el oleaje se incrementó y el viento lo teníamos en contra, fue muy difícil avanzar los últimos 4 kilómetros; comenzó el norte pronosticado y el frío nos fue helando uno a uno, pero logramos llegar de noche al Campamento 1 en Punta Lagarto para descansar después de navegar los primeros 30 extenuantes kilómetros.

Día 2. Continuamos muy temprano para remar los siguientes 27 kilómetros. Para sorpresa nuestra encontramos dos manatíes en aguas muy someras, animales impresionantes y únicos, la gente de la región raramente los llega a ver en su vida, fue una emoción indescriptible poder verlos. El lugar donde los avistamos era dentro del Santuario del Manatí, el cual abarca la Bahía de Chetumal, el río Hondo y la laguna Guerrero. Seguimos remando no sin antes buscar con la ayuda del arqueólogo la evidencia de antiguas trampas mayas para atrapar peces; las encontramos afortunadamente en aguas prístinas y nos dedicamos a observarlas con visor y snorkel gracias a la claridad del agua, eran grandes filas de piedra en forma de caracol lo cual ha de haber requerido de mucha paciencia y esfuerzo para trasladarlas de la superficie hasta ese lugar sumergido y darles forma (su antigüedad aún se desconoce).

Continuamos y la coloración del agua iba cambiando conforme nos acercábamos a la meta del día. Para sorpresa nuestra Carla Centeno –quien cursa su doctorado en El Instituto de Ecología de la UNAM– detectó la presencia de estromatolitos (comunidades orgánicas con microambientes parecidos a los formadores de vida en el Paleozoico) que fueron encontrados en la orilla oeste de Laguna Guerrero, lo cual era su objetivo, por lo que tomó muestras para su posterior análisis en laboratorio.

Día 3. Partimos remando en grupo compacto para buscar la conexión de la Laguna Guerrero con la Laguna Chile Verde. No hay reportes de manatí, por lo que se cree que en la conexión abundan los lagartos. Decidimos entrar a la selva para ver más de cerca las diversas asociaciones vegetales que ahí abundan y tuvimos como guía a don Benigno (Beny), un hombre rudo al que han formado estos agrestes territorios; la caminata fue muy complicada, entre palmas, lianas y raíces se aprecia lo salvaje y agreste de estos ecosistemas. Kilómetros adelante –ahora en los kayaks– llegamos a montar el campamento 4, “El Jordán”, para tomar un merecido descanso.

Día 4. La suerte estaba echada y nos esperaba el día más duro de todos, el más largo y complicado, ya que una vez abandonando Laguna Chile Verde vendría un laberinto de canales donde la orientación y la correcta lectura de mapas serían cruciales para salir adelante. Había que caminar por lechos arenosos y arrastrar el kayak en bastantes ocasiones en la búsqueda del canal correcto sin saber que un nuevo hallazgo nos esperaba. El doctor Schmitter –una eminencia en la materia de peces dulceacuícolas– encontró lo que tanto buscaba: una especie de pez endémico aún no clasificado en la taxonomía de peces.

Es increíble ver el rostro de un científico cuando descubre vida nueva que le da las bases para difundir el conocimiento en el que se sustenta la ciencia. Aquí fue el momento en el que por fin entendí por qué tantos días remando y tanto sacrificio en aras del conocimiento, ¡eureka! Se entiende claramente cómo el interés de la ciencia trasciende y cimbra los sentidos.
Horas más tarde nos encontrábamos junto a unos islotes de mangle blanco debatiendo por cuál ruta seguir, ya que aún era territorio inhóspito. Los guías de punta escautearon varios canales en busca de la salida a la laguna madre de Bacalar; se llevaron varias horas pero encontraron el canal adecuado para salir hacia un poblado donde nos esperaba abastecimiento y así continuar los próximos 30 kilómetros hacia el campamento en Bacalar, trayecto que se volvió la prueba de fuego, ya que este día en particular la resistencia física y mental se puso al límite. En total fueron 47 kilómetros desgastantes. Yo como embarcación de retaguardia llegué a las 10:10 de la noche, 16 horas desde que empezamos a remar. Qué día tan especial, seguro quedará plasmado para siempre en todos los participantes de la expedición.

Día 5.  Iniciamos rumbo al sur cruzando el canal de los piratas. El color del agua justificaba el nombre de la expedición; a esta laguna comúnmente se le da el seudónimo de la Laguna de los siete colores, mis ojos recorrieron una amplia gama de tonos de azul: aguamarina, verde jade, azul turquesa y muchos más, pero definitivamente me quedo con el Azul Maya.
La coloración de esta laguna se debe al carbonato de calcio disuelto que se encuentra en el fondo del agua; la profundidad le va dando la variedad a los diferentes tonos de color, pero todo gracias a la roca caliza que predomina en toda la península de Yucatán.

Navegamos por ríos donde el contraste del agua y luz era enmarcado por la belleza del manglar al cual continuamente se le iba monitoreando, el oleaje era fuerte y predominaban los vientos del sur  pero una vez entrando de nuevo en canales de aguas prístinas el viento amainaba; aquí ya se sabía de la presencia nuevamente de estromatolitos, sólo que estos tenían otra forma y textura según nos indicaba la bióloga; aquí ya se notaba la alteración antropogénica al encontrar algunos de estos organismos con una lanza incrustada a manera de señalamiento para algunas embarcaciones locales, es por ello destacable el divulgar la importancia de estas comunidades bióticas que a simple vista parecen rocas o lodos poco consolidados.

Al atardecer continuábamos remando por un canal ancho donde el mangle empezaba a aparecer cada vez menos, el bambú comenzaba a apreciarse y los humedales y pastos altos hacían acto de presencia; fue el atardecer más relajante y mágico que he vivido en todas las expediciones a las que haya asistido. Cuando uno navega en kayak y rema al unísono de un río, parece hablar consigo mismo. No hay encuentro hombre - naturaleza más cercano que escalar una montaña o descender un abismo en lenguaje de aventurero, ¡el hombre aquí encuentra su propia esencia!

Por la noche dormimos en Huay Pix en Campo 5, era la última noche de expedición, uno quisiera congelar el tiempo.

Día 6.  Nos colocamos nuestro uniforme azul, ajustamos chaleco, ración de marcha, instrumental de trabajo y una vez remo en mano partimos. Iniciamos temprano para lograr navegar por el río Hondo, justo en la frontera con Belice. Estábamos navegando por los confines de México, en la frontera política y geológica de nuestro país, justo donde termina Norteamérica y comienza Centroamérica, me sentía en el centro del mundo remando por la enigmática jungla con un dejo de tristeza por saber que se estaba acabando la expedición Azul Maya. Pasamos justo por debajo del puente de la aduana, que nos une y hermana con Belice, aquí vimos al fondo barcos hundidos, algunos del tiempo de Lázaro Cárdenas.

Continuamos remando, los marinos nos observaban alejarnos; remamos y remamos hasta llegar a la isla donde comúnmente el viento eleva la marea y justo donde comienza la Bahía de Chetumal, donde nos esperaban los demás miembros del equipo y las responsabilidades para con el trabajo y la familia (como quien dice la cruda realidad).

En resumen, se encontraron muestras de estromatolitos en diversas fases en distintos puntos de la ruta; se detectó presencia de tres especies de mangle para su fichaje, la ecosonda siempre estuvo registrando seis parámetros específicos del agua. Y se encontró en una zona nunca explorada una especie de pez endémico aún en estudio y no descrito en taxonomía.
Los resultados se publicarán en diversas tesis y boletines así como en un documental y reseñas en revistas de ámbito deportivo y científico.
 

   
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